EL REINO DE DIOS NO ES DE ESTE MUNDO
Pero sí, nos llega
su influjo como las primicias, mientras el
Reinado se cumpla en su totalidad
y podamos gozar de la Realeza de Dios sobre el
pueblo elegido
y a través de él al
mundo entero; al final de los tiempos.
Sobre este Reino se
basó la predicación de Jesús. Un Reino de Santos; todos aquellos que acepten su
Reinado con conocimiento y amor; y se
bauticen con agua y con Espíritu Santo
(Jn. 3, 5; Hch. 2, 38; Tto. 3, 5).
Esta realeza comprometida por la rebelión del pecado, debe
ser restablecida por la intervención de Dios y su Mesías (Dn. 2, 28+. 7, 13- 14),
y es esta intervención la que Jesús después de Juan Bautista (Mt.3, 2) anuncia
como inminente (Mt. 4, 17.23; Lc.4, 43) antes de su realización definitiva, en
que los elegidos vivirán cerca del Padre en la alegría del Banquete Celestial
(Mt. 8, 11+; 13, 43; 26, 29).
El Reino tuvo sus comienzos humildes (Mt. 13, 31-33)
misteriosos (Mt. 13, 11) impugnados (Mt. 13, 24-30) como una realidad ya comenzada
(Mt. 12, 28; Lc. 17, 20-21) en relación con la iglesia (Mt. 16, 18) predicada
en el universo por la misión apostólica (Mt. 10, 7; 24,14; Hch. 1, 3+) Será
definitivamente restablecido y devuelto al Padre, (1Co.15, 24+) por el retoro
Glorioso de Cristo (Mt. 16, 27; 25,31) en el juicio final (Mt. 13, 37-43. 47-50; 25, 31-46; ) Mientras tanto se presenta
como una gran gracia (Mt. 20, 1-16; 22, 9-10; Lc. 12,32) aceptada por los humildes
(Mt.5, 3; 18, 3-4; 19, 14. 23-24) a los abnegados (Mt. 13, 44-46; 19, 12; Mc.
9, 47; Lc. 9, 62; 18, 29-30) rechazada por los soberbios y los egoístas (Mt.
21, 28-32. 43; 22, 2-8; 23, 13). Solo se entra en él con la vestidura nupcial
(Mt. 22, 11-13) de la vida nueva (Jn.3, 3-5); hay excluidos (Mt.8, 12; 1Co.6,
9-10; Ga. 5, 19-21). Hay que velar para estar preparados cuando venga de
improviso (Mt. 25, 1-13).
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